domingo, 12 de julio de 2020

Parte I del Capítulo Siete de El oro blanco, segundo libro del ceramista y sorprendente narrador Edmund de Waal (Nottingham, 1964):
















    CAPÍTULO SIETE

    Fábrica n.°72

     I

     La ciudad se va complicando por días.
     De hecho, por horas.
   Acaban de hablarme de un hombre que hace porcelana blanquiazul porque quiere. Mi amigo me subraya esto. Tengo que conocer a ese hombre que escoge lo que hace en una ciudad llena de gente que no tiene elección, que nunca la tuvo. Sigo dándole vueltas a la brutalidad de un planteamiento económico en que el operario tiene que pagar lo que rompa descontándolo de su flaco salario, con lo frágil que es todo este trabajo.
     Su fábrica está en el emplazamiento de la Fábrica n.°72. Bajo unas enormes puertas herrumbrosas, junto a una vieja garita de guarda, a la izquierda según se entra. Avanzas sobre terreno desigual y doblas por una hilera de talleres abandonados, te paras junto a un pudridero, montones de basura pestilente junto a la puerta delantera.
   Un muchacho con el portátil abierto delante, con los auriculares puestos y una telenovela pasando silenciosamente en la pantalla, está pintando un paisaje Tang en que tres sabios barbudos, hablando de amor o desamor, aparecen sentados entre las peñas. Me quedo media hora mirando. Su pincel puntea dos de las tres barbas.
     Es domingo por la tarde y hay pocos sonidos en este espacio lleno de polvo. Una mujer soplando suavemente en cada cuenco esmaltado antes de colocarlo en su sitio del kiln. La suavidad del clic mientras el porteador empuja la porcelana por el callejón que conduce al kiln, en su carretilla con dos ruedas de bicicleta. Un anciano sajelando las bases de las vasijas terminadas para eliminar hasta la última traza de aspereza, tomando cada fresco de una tabla que tiene a su izquierda, frotándolo en giro contra una rueda abrasiva de carborundo, limpiándolo con un paño, colocándolo a su derecha.

De Edmund de Waal El oro blanco (2016. Buenos Aires: Seix Barral. Traducción del inglés por Ramón Buenaventura.)



No hay comentarios:

Publicar un comentario