domingo, 25 de marzo de 2018

DOMINGO POR LA TARDE, un poema de Esteban Peicovich (Zárate, 22 de diciembre de 1929):




DOMINGO POR LA TARDE

Escoja usted un diccionario
y métase con su entero desierto
en su bosque
a la hora en que el domingo
mata y muere.

Ya en el lugar que caiga
imagine cuantos caminos pueden llevarlo
a la palabra génesis.
Hecho esto sin trampas.
No pasando por Dios.

De esa espesura de luz, de ese paisaje
de encantamientos, saque al azar
tales o cuales sustantivos.
A los más quedos, hágalos vibrar
trabajar para el cosmos,
echándolos en brazos
de esas obreras que pierden el sentido
por darlo al movimiento.

Ahora sí, salude, sea cordial
con las preposiciones
y disponga su atención
en atender la polea de los verbos
y salir en viaje hacia el color.
Tome los adjetivos a su alcance
y déle un toque  Matisse a su conjunto.

En menos que brilla la luna
habrá traído usted un mundo de la nada,
sentirá que su boca es toda suya
y le asaltará el deseo de celebrar
la originalidad del conjunto.

Cuando el domingo esté por acabar
regrese usted por donde vino
hasta llegar a su casa nuevamente.

Se verá frondoso, maternal, sublime.
Esta es la fórmula, seguramente módica
y sobre todo única, para borrar errores
cometidos por Dios con el domingo.

De Esteban Peicovich  La bañera azul (1994. Madrid: Libertarias/ Prodhufi. Colección Libros del Egoísta. Prólogo de Miguel Galanes.)

No hay comentarios:

Publicar un comentario