martes, 2 de junio de 2020

Dos fragmentos de El Café Celestial, diario de Stuart Murdoch (Ayr, Escocia, 1968), líder de Belle and Sebastian, con fecha 2 de junio de 2006 y 2 de junio de 2005…:




        2 de junio de 2006
        Osaka, Japón


     Ya estamos de vuelta en Japón. Acabamos de subir al tren bala, el Shinkansen, para volver de Osaka a Tokio. Si pasas un tiempo aquí y no eres capaz de escribir una buena novela sobre este país casi mejor que no intentes escribir nunca una novela. ¿Tiene sentido esto que estoy diciendo? Ni idea.
    He estado aquí cuatro o cinco veces y no entiendo nada. Consigo ver las cosas de manera periférica, consigo ver la superestructura y la subestructura. Consigo ver los arrozales metidos con calzador entre las centrales eléctricas y los edificios. Cada centímetro de terreno no montañoso está perfectamente organizado. Pero no consigo entender  qué mueve a esta gente, qué les interesa, cómo les gusta pasar su tiempo libre ni nada de su filosofía. Parece que sólo quieren servirte, pero supongo que es el punto de vista del turista medio sólo porque el turista medio está muy bien atendido.


       2 de junio de 2005
       Glasgow, Escocia


       Estoy sentado sobre el césped del parque de al lado de casa. Hay viento sur y, extraño, apenas ha salido el sol. He venido hasta aquí por un sendero abandonado que lleva hasta el río, reconfortado por todo este verde que me rodea.
      Con la brisa los fresnos dejan caer ocasionalmente algunas hojas sobre el teclado del ordenador. Aún por florecer del todo, los fresnos son los últimos árboles caducos que pierden las hojas en verano (si exceptuamos los plátanos). Creo que tengo algo en común con los fresnos. No les vuelven locos los rayos solares de abril ni la fiesta del Primero de Mayo. Esperan a que el mercurio marque los 16°C antes de mover un dedo. Si están por debajo, pasan.
     Los árboles que hay junto a las ventanas de casa son fresnos. Los defendí hace poco en una reunión de vecinos. Pasé un par de horas sentado hablando sin decir absolutamente nada. La conversación giró en torno al mantenimiento del tejado y de las cañerías victorianas.
     La anterior reunión la había pasado sentado sin abrir la boca. Me fascinaba ver a mis nuevos vecinos en acción. Eran como un equipo de superhéroes. Cada propietario parecía haber enviado a un representante con un poder secreto, algo idóneo para asistir a una irritante reunión con contratistas y arquitectos.
     Entre sus filas había un periodista, un agente inmobiliario, un asesor financiero y un abogado. Cada uno hablaba cuando lo requería su especialidad. Era como un cuadro de mando de USS Enterprise, con el capitán Kirk llamándonos uno a uno. Algo así.
     En un determinado momento propuse que los árboles de atrás estaban siendo amenazados por el edificio, o al menos éste los molestaba. Aunque llevaba allí poco tiempo, consideraba a los árboles mis hermanos. Dije:
     “Los fresnos suelen crecer cerca de los edificios pero nunca suponen ningún problema. Es raro que se caigan, sobre todo teniendo en cuenta que éstos les ofrecen cobijo del viento”.
     Me sentí raro escuchando mi voz tras haber pasado tanto tiempo mudo. Parecía que era la voz de otra persona. Me costó un poco que la voz y el cerebro se ajustaran, como unos ojos que hubieran mirado al vacío mucho tiempo y de repente tuvieran que enfocar algo. Los demás debieron sentirlo igual porque parecían tener dificultades para localizar de dónde veía el sonido.
     Estaba improvisando. No soy ningún experto, pero dado que había esperado hasta entonces para hablar debieron pensar que era un especialista en árboles. Nature Boy, debieron pensar. Parece que funcionó, porque uno dijo:
      “Ah”.
     Y seguimos adelante. Había encontrado mi espacio en el grupo.
     Esta noche regresé de jugar al fútbol y pensé en volver a salir y dar un paseo y pensar en música y en fotografías. Como de costumbre, estaba deshidratado y me fui derecho hacia el zumo de piña. El problema fue que mientras me lo bebía directo del frigo tuve una nítida sensación de estar convirtiéndome en piña. Me he apoyado mucho en esa fruta en concreto. Eres lo que comes, y ya soy un poco una piña.
   Como se puso a llover cuando iba a salir cogí un enorme paraguas negro. No me importa la molestia de tener que llevarlo sobre la cabeza, de hecho hasta me sirve de excusa para pasear en un momento como éste, en el que las únicas personas que ves por la calle son los despistados que sacan a pasear al paraguas. El tema fue que me encontré con unos conocidos. Me preguntaron dónde iba y les dije que estaba sacando a pasear al paraguas. Me tomaron por un idiota arrogante y es posible que hayan decidido dejar de ser mis amigos. La moraleja de la historia es que en algunas situaciones es mejor tener el pico cerrado.
     Seguí paseando. Llovía a cántaros. Pero no me importa mientras la lluvia caiga recta. De hecho, la entiendo como un abrazo de Dios y eso me hace tener más ganas todavía de pasear. Disfruté del calor de las ventanillas amarillas* desde debajo de mi paraguas. Es algo que sucede cuando las primeras flores de verano envían sus olores más deliciosos.

     *Referencia al tema de Michael Tomlinson Yellow Windows. [N. del T.]  

De Stuart Murdoch El Café Celestial (2016: Donostia – San Sebastián: Expediciones Polares. Edición de Sean Guthrie. Traducción de Felipe Cabrerizo. Ilustraciones de Graham Samuels. Prólogo: Julio Ruiz.)

¡Muchas gracias querido Fran Gayo con sumo delay…! J FNDB


















Today's Special - The New Piccadilly

lunes, 1 de junio de 2020

[AL CENSOR] y [AL QUERIDO SEÑOR DIOS] dos cartas de Malcolm Lowry (Birkenhead, Gran Bretaña, 1909- Ripe, Sussex, 1957)…:




[AL CENSOR]

[1236 W.11th Street]
[Vancouver, Columbia Británica]
[Junio de 1940]

AL CENSOR

        Señor:
     El autor del presente libro* es un inglés que ha estado viviendo en Estados Unidos durante los últimos seis años. Al estallar la guerra se ofreció voluntario al Reino Unido, pero se le ordenó permanecer en Canadá, donde se hallaba de visita y donde en aquellos momentos le fue imposible alistarse. Por tanto, teniendo tiempo entonces, y sin posibilidad de saber cuánto duraría esta situación, tras consultar con su amigo John Buchan, barón de Tweedsmuir, comandante en jefe de los ejércitos canadienses y gobernador general de Canadá, decidió que el modo más útil de ocupar su tiempo sería continuar su trabajo y escribir este libro para el que tomó notas en una visita a México en 1936-1937, donde durante un tiempo fue corresponsal de un periódico inglés liberal. El libro, concebido pura y simplemente como una obra de arte, es implícitamente ­–aunque no es político– una denuncia del nazismo y sus métodos.
     Los personajes discuten y sufren y sostienen opiniones distintas, de lo contrario no sería una novela, pero no se trata en absoluto de una novela pacifista o “veladamente subversiva”. El personaje principal de la novela es un joven estadounidense que no se da cuenta de que su propio país puede estar en peligro hasta que no se expone  con claridad  el tipo de filosofía que subyace en un amargo ataque personal dirigido a él  y a su país.  El libro fue discutido con Lord Tweedsmuir, quien  se ofreció a ayudar  al autor para que pudiera seguir trabajando en él, y, sin más razones que  éstas, el autor espera que usted permita que el libro siga su camino con su aprobación, ya que considera que el acabarlo y publicarlo forma parte del cumplimiento de una promesa hecha al último gobernador general de Canadá, ya fallecido (véase carta adjunta). El MacTavisch que se menciona en la carta que le adjunto es el editor del Vancouver Daily Province, para el que el autor ha escrito algunos artículos sobre la actitud de Estados Unidos con respecto a la guerra, etc.
                                                                                             Malcolm Lowry


*     Bajo el Volcán, novela que envió a Whit Burnett (escritor y director, junto con Martha Foley, de la revista Story) junto con esta carta, escrita en prevención de hipotéticos problemas en la aduana.  



[AL QUERIDO SEÑOR DIOS]**

      Querido Señor Dios:
    Te ruego encarecidamente que me ayudes a ordenar este trabajo, aunque parezca feo, caótico y pecaminoso, de modo que sea aceptable a Tus ojos, para que de este modo, según le parece a mi cerebro desordenado e imperfecto, pueda alcanzar los más altos cánones del arte, abriendo, no obstante, nuevos caminos y rompiendo viejas reglas cuando sea necesario; tiene que ser estimulante, tempestuoso, atronador, la vivificante palabra de Dios debe sonar en él proclamando la esperanza para el hombre, y sin embargo tiene que ser también equilibrado, grave, lleno de ternura y compasión, y humor: como el escritor se halla él mismo cargado de pecados, si se le deja solo no puede escapar a conceptos en ocasiones falsos e inanes, y somete su voluntad a la de una bandada de becacinas que lo llevan por senderos equivocados… Por favor –creo que necesitas escritores–, deja que verdaderamente Te sirva como tal, convirtiendo este material en algo grande y hermoso, y si mis motivos para escribir son oscuros, y si ahora las palabras están dispersas y a menudo faltas de sentido, por favor, perdóname por ello, pero, Te lo suplico, pon alguna Musa, algún Nordahl Grieg ­–ángel del arte– a mi disposición para ordenarlas de un modo bello; por favor, ayúdame, de lo contrario estoy perdido. Mis plegarias también para san Judas*** , ¡querido patrón de los imposibles!
[sin firma]


**     Como colofón a esta selección de cartas, se incluye un documento entrañable, una súplica, en forma de carta, dirigida al Querido Señor Dios, que se encontró entre los papeles póstumos de Lowry y en la que se pone de manifiesto su alto concepto de literatura y de la misión del escritor, así como su lucha constante por permanecer fiel a sí mismo y a su vocación, a pesar de los graznidos de los críticos… En una palabra, su entrega incondicional a la literatura, el viaje que nunca termina.

***    Se refiere a san Judas Tadeo.


De Malcolm Lowry El viaje que nunca termina Correspondencia (1926-1957) (2000. Barcelona: Tusquets Editores. Selección, prólogo y traducción de Carmen Virgili. Marginales 185.)



Slowdive - Star Roving (Official Audio)

Un fragmento bilingüe (gallego- castellano) de Conversación Ultramarina, diario epistolar de Lois Pereiro (Monforte de Lemos, 1958- A Coruña, 1996) durante sus últimos meses de vida…:















     Esta mañá desperto bañado nun grave e aterrador silencio, e o primeiro que penso é que estou morto. Cando teño a certeza de estar vivo, creo que o mundo se esqueceu de min e xira pola súa conta, alleo ós meus sentidos. Non quero abrirlle o paso á luz do sol por temor a descubrir que aí fóra non hai nada.
     Estou xordo e non sinto máis que un rumor monótono e sen luz interior. A penas sinto os meus propios pasos pola casa. Polo visto estou obrigado a experimentar toda posible mutación nun ser humán. Hoxe perdín o sentido auditivo, e quizáis mañá estea cego e recupere o oído. Vou aproveitar ben estas leccións da vida, esta circunstancia tan pedagóxica, para meditar sobre os vivos sen interferencias exteriores ó meu orixinal percorrido por estas miserias dos mortáis.
                                                       31-5-95 (11.30 p.m.)

     Xa podo escoitar claramente o mar, o fungar dos motores da ciudade e as palabras do mundo, esas palabras nidias que marmurian a un tempo arredor de min.
      Otorrinolaringoloxía: un campo máis que xa teño segado.
                                                                           1-6-95 (8 p.m.)


    Esta mañana despierto bañado en un grave y aterrador silencio, y lo primero que pienso es que estoy muerto. Cuando tengo la certeza de estar vivo, creo que el mundo se olvidó de mí y gira por su cuenta, ajeno a mis sentidos. No quiero abrirle el paso a la luz del sol por temor a descubrir que ahí fuera no hay nada.
      Estoy sordo y no siento más que un rumor monótono y sin luz interior. Apenas siento mis propios pasos por la casa. Por lo visto estoy obligado a experimentar toda posible mutación en un ser humano. Hoy perdí el sentido auditivo, y quizás mañana esté ciego y recupere el oído. Voy a aprovechar bien estas lecciones de la vida, esta circunstancia tan pedagógica, para meditar sobre los vivos sin interferencias exteriores a mi original recorrido por estas miserias de los mortales.
                                                       31-5-95 (11.30 p.m.)

    Ya puedo escuchar claramente el mar, el resoplar de los motores de la ciudad y las palabras del mundo, esas palabras que murmullan a un tiempo alrededor de mí.
       Otorrinolaringología: un campo más que ya segué.
                                                                           1-6-95 (8 p.m.)


De Lois Pereiro Obra Completa Edición Bilingüe (2011. Barcelona: Libros del Silencio. Xunta de Galicia. Prólogo de Pere Gimferrer. Introducción de Xosé Manuel Pereiro. Traducción de Daniel Salgado.)


Estupendo - El jardin de las mutancias - Microfilm cortometraje de Agustin Carbonere en Visuales (dirección y animación) y Estupendo en Audio realizado entre abril y mayo de 2020:

domingo, 31 de mayo de 2020

TARDECITA DE DOMINGO, un poema de Celedonio Esteban Flores (Buenos Aires, 1896 - 1947)…:





           TARDECITA DE DOMINGO

Tardecita tranquila del buen suburbio:
el sol, ya casi esgunfio, se va muriendo,
el cielo se obscurece, se pone turbio…
La gris melancolía te va envolviendo.

Tardecita tranquila, mi musa rante
te canta sensibleras mistonguerías,
¡si en tu enorme tristeza desesperante
se encajó la carroza de mi armonía!

Tus bacanes, tus minas, tus bandoneones,
las milongas que surgen de tus guitarras,
tus bailongos fuleros, tus tentaciones
que se prenden del alma como con garras.

El organito rante destartalado,
que es el carro fulero de tu armonía,
no conoce poema más bien rimado
que tus tardes repletas de poesía.

Tus minas por la acera pasan sonrientes
entre filas de mozos que piropean;
por el querer de alguna, rabiosamente,
al cruzarse, los ojos relampaguean.

Tus muchachos, obreros endomingados
lucen en las aceras pilchas diqueras;
en la esquina, en patotas, otros, parados,
aguardan la pasada de sus taqueras.

Por eso, cuando llegas, tarde tranquila,
el suburbio a una nueva vida despierta;
tiene más luz y brillo cada pupila
y hay una flor de barrio en cada puerta…

                                                           Celedonio Esteban Flores
                                                           Chapaleando barro, 1929

De Poesía Lunfarda Del burdel al parnaso/ Antología (2010. Buenos Aires: Corregidor. Compilación y prólogo José Gobello.)



martes, 26 de mayo de 2020

PROPUESTA A LAS COMPUTADORAS DE TODO EL MUNDO, un poema de Baruir Sevag (Zangakatun, Armenia 1924- 1971), poeta, traductor y crítico literario armenio en versión de Vartán Matiossián (Montevideo, 1964):




PROPUESTA A LAS COMPUTADORAS
DE TODO EL MUNDO


¡Cálculos y más cálculos!
Vamos, calculad
en qué frecuencia, en cuántos minutos
y cuántos gramos de sangre fluyen
desde el corazón de la muchacha
hacia sus pudorosas mejillas,
originando ese termonuclear estallido
que hasta hoy, ingenuamente, hemos llamado rubor.
¿Qué torrente de rayos cósmicos traspone
nuestros ojos, cual espacio sideral,
cuando súbitamente entran en contacto con otros ojos?
Y esta radiación mutua,
es perjudicial para nuestro corazón,
o beneficiosa?

¡Cálculos y más cálculos!
Vamos, calculad
cuantos kilovatios de corriente hemos brindado
con las palmas de nuestras manos
a los suaves cabellos y manecitas de los bebés,
al esbelto talle de nuestra amada,
a los encorvados hombros de nuestros abuelos.
¿Cuánto más o menos hemos recibido
de lo que hemos dado?

¡Calculad, os ruego, calculad también
cuántas mujeres ha mirado, con deseo,
cada uno de nosotros durante su vida!
¿Cuántas, con puro arrobamiento?
¿Cuántas, sólo con dulzura fraternal?...
Señalad también los lugares donde viven
aquellas mujeres
que profundamente nos podían amar,
mas con las cuales no nos hemos encontrado.
Y decid el número de niños
que podíamos tener en nuestra vida,
pero no tuvimos ni tendremos.
Y el número de niños
que iban a ser nuestros, en apariencia,
pero no los fueron…

¡Y aún más cálculos, más y más!

Aún no sabemos, siquiera,
de qué se ríe el hombre.
¡Sólo el hombre,
y ningún otro ser viviente!
Expresad vosotros el número
de frecuencia de nuestra risa,
mostradnos su color diverso
y explicadnos la diferencia
entre risa y carcajada…

Con ese poderoso cerebro electrónico
y esa radiante, ciclópea pupila
inmóvil,
analizad la nostalgia,
computad ese humo invisible
que se desprende de esa nostalgia
y se dirige,
¿ dónde se dirige?...
¡Y aún más cálculos, más y más!

Señalad ahora esa fecha,
al menos ese próximo año,
en el que, finalmente, las naciones heridas,
se restablecerán y revivirán,
y las naciones hirientes recibirán
la represalia justa e inevitable.
Muchas, desde hace cuántos siglos,
perdida la fe en el implacable Dios,
continúan esperando.
¡Continúan esperando!
¡Vosotros, nuevos dioses de los nuevos tiempos,
al menos vosotros no seáis falsos!...
Calculad el número
de aquellos puentes que unen países,
sobre los cuales
hubiéramos deseado pasar nosotros,
pero aún no hemos pasado
¡y no pasaremos!...

Mostrad el número
de los sueños y ensoñaciones
que en el mundo así denominan
por la simple razón
¡de que no se cumplen!...

Indicad el número de sospechas
que frecuentemente hemos madurado
y, más frecuentemente, a poco hemos marchitado.

Señalad la recta del desencanto,
y confiemos en que no tenga,
al menos, la forma del rayo…

Y también la recta de la desilusión.
¡Ay si forma paralela con nuestra vida,
ya que las paralelas, creo,
no se cortan entre sí!...

Y computad el número
de nuestras incontables horas,
que en duros y fáciles momentos fueron perdidas
en ignotos turnos y corridas
y en la lectura de aquellos políglotos diarios
desde cuyos negros, flamígeros titulares,
todas las mañanas
el ojo negro del cañón contempla nuestros ojos,
los submarinos hunden en el alma nuestros deseos,
y los artefactos de hidrógeno desean,
de la purpúrea sangre de nuestras venas,
crear agua blanca…

Tras todo esto calcularéis
tras fisionar cuántas toneladas de átomo
es posible dividir el núcleo de esta Tierra.
Calcularéis
tras parir
que tipo de armas
la madre perderá la facultad de tener hijos.
Si dijérais todo esto,
no es necesario que expreséis también
el peso de la incredulidad.
Sólo os quedaría develar
por qué milagro
bajo esa carga de incredulidad
no estamos enterrados hasta el cuello,
cual agudas estacas…

Decid, también, amistosamente,
¿ en cuántos años vendrá al mundo
ese niño, creación de Andersen,
de quien sabrán los reyes
que están desnudos?

Por favor, agregad:
sabiendo eso, ¿acaso los reyes
ocultan su desnudez
o continúan desnudos y
a quienes desean lo contrario
o a los avergonzados, simplemente,
obligan a vivir con los ojos vendados?...

Y decid además
si la sordera de Beethoven
no tiene acaso relación alguna
con esas tremendas explosiones
que se suceden en el mundo
y sobre el mundo.
Y si la tiene, aclamad por favor:
ahora el mundo es feliz
con sinnúmeros Beethoven
¿ o, simplemente, estamos aumentando
el número de sordos?

Calculad también, por último:
¿ de qué forma,
con la ayuda de qué máquina
es posible mantener al hombre como tal
o
convertir al hombre
en tal?...



De Empresa Poética (1985. Buenos Aires: Empresa Poética para la Investigación y Difusión de la Poesía. Año 2- Número 3- Julio-Diciembre 1985.) 



domingo, 24 de mayo de 2020

Bill Fay - Filled With Wonder Once Again (Official Video)

DOMINGO EN LA ISLA DE ELEFANTA, un poema de Octavio Paz (Ciudad de México, 1914-1998):





DOMINGO EN LA ISLA DE ELEFANTA

                           INVOCACIÓN

SHIVA y Parvati:
                             los adoramos
no como a dioses,
                             como a imágenes
de la divinidad de los hombres.
Ustedes son lo que el hombre hace y no es,
lo que el hombre ha de ser
cuando pague la condena del quehacer.
Shiva:
           tus cuatro brazos son cuatro ríos,
cuatro surtidores.
                            Todo tu ser es una fuente
y en ella se baña la linda Parvati,
en ella se mece como una barca graciosa.
El mar palpita bajo el sol:
son los gruesos labios de Shiva que sonríe;
el mar es una larga llamarada:
son los pasos de Parvati sobre las aguas.
Shiva y Parvati:
                         la mujer que es mi mujer
y yo,
        nada les pedimos, nada
que sea del otro mundo:
                                       sólo
la luz sobre el mar,
la luz descalza sobre el mar y la tierra dormidos.


De Octavio Paz El fuego de cada día (1989. Barcelona: Editorial Seix Barral S.A. Biblioteca Breve. Selección, prólogo y notas del autor.)



Yo Siempre Regreso a los Pezones y al Punto 7 del Tractatus

Cinco poemas de Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967)…:

















Al  fondo del recipiente del tiempo hay una costra [siempre] de domingo, huele al óxido de los cuchillos lanzados al mar [diana sin centro], y al de la tierra. Hace tiempo que agoté el recipiente, sorbo a sorbo me ayudó a tragar tus besos, y ahora sólo que da allí abajo este continuo domingo, con su silencio mineral, sus bares cerrados, su anestesia, sólo isla, sólo hotel, sólo piedras. Me siento en la escollera y supongo que el principio y fin del mundo fue y será esto, una especie de domingo. Acudo a los lugares que fueron nuestros, algo parecido a una fe o superstición me impide destruirlos, dice que con tal de mirarlos, cada día un poco, se irán desvaneciendo, mansamente, bordeando la pregunta directa, la roca desde la que te lanzabas desnuda para romper la piel del agua, de ese mar que, alguna vez lo he dicho, eras tú [diana sin centro]. Sé que el tiempo es mortal, me digo, porque lo ha inventado el hombre, que es mortal, y mientras aguardo ese destino las horas nacen peculiares, convergentes, presagiando asuntos importantes y delicados que no llegan, no acumulan pronósticos errados, resultado de haberlo calculado todo, porque lo hermoso no se calcula, me digo [es incalculable], se pisa una sola vez y ya se gasta, aunque, eso sí, no se olvide, nunca.

De Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus (1999-2000)




y cuatro poemas de Joan Fontaine Odisea [Mi Deconstrucción] (2001-2002)


33
Cuando en domingo amanece y quiere llover
             [las agujas de la catedral y revueltos los pájaros]
y sales con el abrigo Miss Sixty ¾,
luz de cruce CHANEL N. ° 19, la camiseta con
La Mode (82-84) estampada, peinado Replicante
a por la prensa y el pan y eliges
un nuevo itinerario, piensas:
 1)la vulnerabilidad de un organismo es directamente proporcional a su complejidad
   2)las fiestas se dan sobre todo para aquellos a los que no se invita [Étienne de Beaumont]
    3)desde el 11-09-2001 la Tierra es un poco más chatarra
    4)decir autorretrato es una redundancia: todo retrato es auto

aunque todos conduzcan a lo mismo, cada camino
es la trampa que nos tiende lo inalcanzable mientras
el futuro
            [revueltos los pájaros]
duerme.


45.1
el patio de mi casa no es particular 01.01.2002, me he levantado muy temprano, he puesto algún mail, como hoy cada año, y Sunday Morning [mi Nico particular], el café, el panetone, como hoy cada año, bufanda, guantes, abrigo, y el Alfa descapotado con Goldberg Variations, como hoy cada año, hasta la orilla del mar desde la que veo otra isla, aquí ni un alma [nada hay más solitario y salvaje que el Mediterráneo], y el silencio químico de la espuma, de las rocas, silencio químico, como hoy cada año, el más químico, el que como el amor deja resaca pero no desaparece, y como hoy cada año soy contemporáneo de otros silencios que ya fui [afortunadamente aquí no hay gen que valga], y tú [querido, me dice el buzón de voz]: mi novedad, mi Nico particular, estás muy lejos, chemical hangover, seguro, y yo, de vuelta de todo, de aquel Quimicefa, química de Reyes Magos, inocuas moléculas, aunque estés lejos y yo de vuelta de todo menos de ti, mi Sunday Morning, mi Nico particular, cuando llueve se moja como las demás.



53
Los hay que creen saber
que el porvenir del universo sólo podrá ser una repetición
de sí mismo,
según la idea de que el tiempo no es más
que una ilusión, dice Prigogine en El nacimiento del tiempo,
5pm, quedamos los tres
en la plaza en construcción un domingo
de aquellos dilettantes [francamente, estabas preciosa],
vallas amarillas la cuadriculaban,
no podían con tu cuerpo, idéntico al recuerdo
que conservaba.
Fuiste un haz que [a mi pesar] duró 1 nanosegundo
[por poner una cifra impensable
para el común humano], pero me hiciste olvidar
la aparente eternidad que vaciaron otras.

Infinito, el tiempo para ti aún no existe
[deduzco por cómo cierras los párpados, cómo inclinas las tazas,
esos zapatos afilados],
decapitas una rosa y, piensas, saldrá otra,

desconoces aún
la única verdad:
no somos polvo que cuaja y funda un destino
antes de volver al polvo,
sino paréntesis fantasma entre carne
que nunca dejó de ser carne,
un flash sin flashback,
una apariencia, 
un salto cuántico.



77
Queda una esperanza.
Decirlo tan claramente que conduzca al equívoco.
Ahí voy.

El poeta habla
                                                       siempre
desde la muerte para alumbrar el mundo de los vivos,
o desde la vida, para alumbrar el mundo de los muertos.
Finis terrae: un pie en la tierra, otro en el abismo.

Pero ya escribir es escribir que está todo dicho y consumido en los manuales de supervivencia de otro siglo. El lenguaje, demente o aburrido, se ríe en el papel de todas sus representaciones [incluida ésta]

ruina que saquea ruina: vida que habla de vida: muerte que habla de muerte: esterilidad: incesto: tautología


[por mi parte, sólo me queda mostrar mi agradecimiento a los Payasos de la Tele por haber hecho posibles las tardes de domingo].


De Agustín Fernández Mallo Ya nadie se llamará como yo + Poesía reunida (1998- 2012) (2015. Barcelona: Editorial Planeta S.A. Seix Barral. Los Tres Mundos Poesía. Frontispicio de Antonio Gamoneda. Prólogo de Pablo García Casado.)